PARTE 8
La recepción sin novia
El banquete de boda se había convertido en reunión de emergencia.
Los invitados comunes se fueron.
Los importantes se quedaron.
Así funcionan las familias poderosas: cuando todo arde, los curiosos huyen y los culpables se sientan a negociar.
En el salón dorado del Hotel Imperial, Gabriel Rivas estaba junto a una mesa de mármol, hablando con tres socios de Almar.
Era un hombre de cincuenta años, elegante, voz suave, sonrisa familiar.
Al ver entrar a Sofía, sonrió con tristeza fingida.
—Sobrina. Qué noche terrible.
Sofía caminó hasta él.
—Tío Gabriel.
Él abrió los brazos.
—Ven aquí.
Ella no se acercó.
Puso un documento sobre la mesa.
—Cláusula 22.
La sonrisa de Gabriel se apagó.
—No sé qué es eso.
—Mientes con la misma cara que usabas para firmar mis matrículas.
Mara entró detrás de Sofía, acompañada por agentes y un notario judicial.
Los socios de Almar empezaron a moverse.
Sofía levantó la voz.
—Quien salga antes de escuchar esto admite conocimiento de fraude.
Nadie se movió.
Gabriel suspiró.
—Te estás dejando usar por los Varela.
Sofía sonrió.
—No. Hoy estoy usando a todos.
Abrió la pantalla del salón.
Apareció el acta de Almar.
Luego documentos del fideicomiso de Elena Rivas.
Luego pagos a Gabriel.
Luego la renuncia falsa de Sofía.
—Mi madre fundó Almar. Usted ocultó mis derechos durante doce años. Isabela intentó cerrar la fusión para enterrar esos derechos dentro de Varela. Don Álvaro quería usar la fusión para encerrar a Mara. Todos tenían un plan distinto.
Miró a Gabriel.
—Pero usted empezó antes.
Gabriel perdió la calma.
—Tu madre no sabía manejar dinero.
—Mi madre murió en un accidente de carretera después de intentar sacarlo de Almar.
El salón quedó inmóvil.
Gabriel miró hacia los agentes.
Demasiado rápido.
Sofía lo notó.
—También tiene miedo de esa parte.
—No digas cosas que no puedes probar.
Sofía sacó una memoria.
—Mi madre grababa sus reuniones. Yo heredé esa costumbre.
Reprodujo el audio.
La voz de Elena Rivas, madre de Sofía:
“Gabriel, si no devuelves las acciones, iré a fiscalía.”
La voz de Gabriel:
“No vas a llegar.”
Sofía sintió que el cuerpo se le helaba al escuchar a su madre viva en una grabación.
La sala quedó en silencio.
Gabriel intentó huir.
Leonardo apareció en la puerta y lo bloqueó.
Sofía lo miró.
—No necesitaba que lo hicieras.
—Lo sé.
—Entonces por qué?
—Porque esta vez estaba cerca de la puerta.
No fue una frase heroica.
Fue humilde.
Eso la detuvo un segundo.
Gabriel empujó a Leonardo y sacó una pequeña pistola de su chaqueta.
El salón gritó.
Sofía no se movió.
—¿Va a dispararme como a mi madre?
Gabriel tembló.
—Tu madre me habría destruido.
—Sí.
Sofía dio un paso.
—Ese era su derecho.
Un agente disparó a la mano de Gabriel.
El arma cayó.
Gabriel gritó.
Sofía se acercó y recogió la pistola con un pañuelo.
Luego miró a su tío en el suelo.
—Gracias por confirmar la intención.
Gabriel fue esposado.
Mara se acercó a Sofía.
—Has recuperado Almar.
Sofía miró los documentos.
—No.
Todos la miraron.
—He recuperado una deuda.
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