PARTE 4
La compuerta
A las 23:16, el agua ya estaba entrando en el nivel inferior.
Marina no pensó.
El pensamiento llega tarde en las emergencias.
El cuerpo entrenado actúa primero.
Se soltó de Marcos clavándole los dedos en los ojos. Él retrocedió. Ella golpeó el panel manual con la llave inglesa.
La primera compuerta secundaria se abrió.
Un torrente de agua invadió el pasillo.
Los hombres encerrados en bodega dos empezaron a gritar más fuerte.
—¡Aquí! ¡Estamos aquí!
Marina llegó a la puerta.
Necesitaba girar la manivela exterior.
Adrián la siguió.
—Marina, si abres, el yate pierde estabilidad.
—Entonces ayuda a sacarlos rápido.
Él miró hacia la cubierta superior.
Música apagándose.
Invitados gritando.
Su padre dando órdenes.
El mundo de los Vega arriba.
Los hombres encerrados abajo.
Y Marina entre ambos.
Ella entendió su elección antes de que él la hiciera.
—No vas a ayudarme.
Adrián tenía lágrimas en los ojos.
—Quiero salvarte.
—No. Quieres salvarte de tener que elegirme.
Abrió la compuerta.
Tres hombres salieron primero.
Empapados, golpeados, tosiendo.
Después Lucía, la camarera, arrastrando a otro trabajador.
Marina los empujó hacia la escalera.
—¡Suban!
Pero entonces Marcos activó el cierre de emergencia desde el panel opuesto.
La compuerta empezó a bajar.
Marina quedó del lado equivocado.
Dentro del compartimento que se estaba llenando.
Lucía gritó:
—¡Marina!
Adrián corrió hacia ella.
Por un segundo, sus manos se tocaron.
Él podía tirar.
Podía sacarla.
Ella lo miró.
—Adrián.
Su mano estaba en la suya.
Luego Don Emilio gritó desde el intercomunicador:
—¡Cierra esa compuerta o todos caemos!
Adrián cerró los ojos.
Y soltó.
La compuerta cayó entre ellos.
Marina golpeó el metal.
Una vez.
Dos.
Tres.
El agua subía.
La cámara submarina, colgada aún de su arnés, seguía encendida.
Grabó su rostro.
Grabó la compuerta.
Grabó la sombra de Adrián al otro lado.
Y grabó su voz diciendo:
—Tú me soltaste.
Después, el Santa Aurelia se inclinó.
La presión rompió una escotilla lateral.
El agua arrastró a Marina hacia el exterior.
El mar la tragó.
Arriba, los Vega prepararon la historia.
Marina Soler robó perlas negras y huyó durante el caos.
El yate se hundió por tormenta.
Los trabajadores rescatados fueron obligados a firmar silencio.
Lucía desapareció dos días después.
Y Adrián declaró:
—La vi saltar al mar con la caja.
La cámara, perdida entre restos, siguió bajando hasta el fondo.
Pero no se apagó enseguida.
Grabó el hundimiento.
Grabó voces.
Grabó la mentira.