PARTE 5
La CEO aprende a negociar con la mafia
Valentina no fue a la luna de miel.
Fue a una sala blindada en el último piso del Hotel Belladonna.
Dante la llamó “habitación segura”.
Ella la llamó “jaula cara”.
—No soy una prisionera —dijo.
Dante se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla.
—No. Los prisioneros suelen tener menos abogados.
—Entonces quiero acceso a mi laptop.
—Ya la tiene.
—Mi teléfono.
—Clonado, revisado y libre de rastreadores.
—Mis acciones.
Dante la miró con algo parecido a diversión.
—Ni siquiera la mafia toca acciones antes de revisar estatutos.
Valentina lo observó.
—Usted sabe demasiado de derecho corporativo para un criminal.
—Y usted sabe demasiado poco de criminales para una CEO.
—Explíquese.
Dante se sirvió café, no whisky.
Eso le sorprendió.
—El crimen organizado no sobrevive por pistolas, señora Moretti. Sobrevive por contratos, bancos, abogados, políticos y empresas que fingen tener manos limpias.
Ella se sentó frente a él.
—¿Me está dando clase?
—Le estoy diciendo que su consejo directivo se parece más a mi mundo que a cualquier escuela de negocios.
Valentina no respondió.
Porque era verdad.
Dante abrió una carpeta.
—Arturo movió deuda falsa durante cuatro años. Sergio ocultó pérdidas, luego creó un agujero contable. Héctor diseñó el contrato de muerte. Camila filtró información emocional sobre usted: su hermano, sus horarios, sus debilidades.
La palabra hermano la golpeó.
—Nicolás.
Dante asintió.
—Está protegido.
Valentina se levantó.
—¿Dónde?
—En una casa mía fuera de la ciudad.
—Usted se llevó a mi hermano?
Dante no cambió de tono.
—Sus enemigos iban a llevárselo primero.
—Debió preguntarme.
—No había tiempo.
—Siempre hay tiempo para no secuestrar familiares.
Dante se inclinó hacia ella.
—Señora Moretti, si yo hubiera querido usar a su hermano contra usted, no estaría diciéndole dónde está.
Valentina respiró.
No le gustaba.
Pero entendía.
Ese hombre era peligroso.
Pero sus traidores también.
La diferencia era que Dante no se disfrazaba de otra cosa.
—Quiero hablar con Nicolás.
Dante le entregó un teléfono.
La llamada conectó al instante.
—Vale? —dijo la voz de su hermano.
Valentina cerró los ojos.
—¿Estás bien?
—Sí. Un hombre enorme me dio pizza y dijo que si intentaba escapar me rompería el orgullo, no las piernas.
Valentina miró a Dante.
Él no pareció arrepentido.
—Qué específico.
—Estoy bien —dijo Nicolás—. Pero, Vale… Sergio vino a buscarme ayer. Dijo que tú querías verme antes de la boda.
Valentina se quedó helada.
—Sergio?
—Sí.
Dante la miró.
Ambos entendieron.
El intento contra Nicolás ya había empezado antes del contrato Romano.
Sergio no era solo cobarde.
Era pieza activa.
Valentina colgó despacio.
—Quiero a Sergio en una mesa.
Dante sonrió.
—Eso sí suena a luna de miel.
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