PARTE 3
La tienda donde todos se equivocaron
La vendedora de la boutique Aurelia Uomo miró a Camila como si hubiera entrado una mancha con zapatos.
—La sección de descuentos está en otro edificio —dijo.
Camila apretó los labios.
—Solo quiero comprar una camisa.
—Estas camisas cuestan más de lo que usted gana repartiendo volantes un mes.
Leonardo la miró.
—¿Quieres irnos?
—No.
Camila levantó la barbilla.
—Muéstreme algo que no se rompa si un idiota vomita encima.
La vendedora abrió la boca, indignada, pero antes de responder aparecieron dos personas.
Mateo y Valentina.
El universo, decidió Camila, tenía un sentido del humor de pésimo gusto.
Valentina la miró esposada a Leonardo.
—Qué rápido te recuperaste. ¿Ahora alquilas hombres?
Mateo soltó una risa.
—Camila, al menos antes fingías dignidad.
Leonardo observó a Mateo con esa calma que precede a las tormentas.
Camila habló primero.
—¿No te da vergüenza aparecer con la mujer por la que vendiste cuatro años de comida gratis?
Mateo apretó los dientes.
—Ten cuidado.
Valentina sonrió.
—No seas cruel con ella, amor. Ya bastante tiene con buscar ropa que no puede pagar.
Entonces el gerente de la tienda llegó corriendo.
No miró a Valentina.
No miró a Mateo.
Se inclinó ante Leonardo.
—Señor, es un honor recibirlo. Toda la planta está reservada para usted.
La sonrisa de Valentina murió.
—¿Reservada para él?
Leonardo no cambió la expresión.
—Ella elige.
Señaló a Camila.
El gerente se giró hacia ella con una reverencia.
—Señorita, todo lo que desee.
Camila parpadeó.
—¿Yo?
Leonardo murmuró:
—Aprovecha.
Valentina se puso roja.
—Yo soy cliente VIP.
El gerente respondió:
—Lo siento, señorita Herrera. Hoy la sección VIP está cerrada para otros clientes.
—¿Para esta…?
Leonardo la interrumpió.
—Termine esa frase y no vuelve a comprar en ningún local asociado a Fuentes Group.
El nombre cayó como piedra.
Fuentes Group.
Valentina miró a Leonardo con atención.
—¿Quién eres?
Camila también lo miró.
Leonardo sonrió apenas.
—Alguien que conoce al dueño.
Camila suspiró.
—Claro. Tus clientes de alto nivel.
Él la miró confundido.
—¿Mis clientes?
—Los modelos caros deben tener contactos caros.
Leonardo tardó un segundo en entender.
Luego sonrió.
Por primera vez de verdad.
—Algo así.
En la reunión de exalumnos, la humillación se repitió.
Mateo había difundido que Camila era mantenida por un hombre rico. Valentina apareció como reina del evento. Los antiguos compañeros murmuraban, reían y preguntaban si Camila había “mejorado de patrocinador”.
Camila llegó con Leonardo esposado aún a su muñeca.
—Al menos ahora no pueden decir que no tengo pareja estable —susurró ella.
Leonardo casi se rió.
Mateo la acusó frente a todos.
—Después de terminar conmigo, se fue con un hombre comprado. Miren las esposas. Qué vergüenza.
Camila tomó una copa.
—Vergüenza es que todo lo que llevas puesto lo pagué yo. Hasta tu ropa interior.
El salón estalló en murmullos.
Leonardo dio un paso adelante cuando Mateo intentó tocarla.
—Ella es mía.
La frase salió antes de que pudiera medirla.
Camila lo miró.
—¿Tuya?
Leonardo corrigió:
—Mi responsabilidad.
—Qué romántico.
Pero su corazón, traicionero, latió un poco más fuerte.
Cuando el gerente del restaurante apareció, reconoció a Leonardo y expulsó a Mateo y Valentina por insultar a “un invitado Fuentes”.
Valentina gritó:
—¡Yo debía casarme con el heredero Fuentes!
Leonardo la miró.
—Qué suerte que rompiste el compromiso.
Ella se quedó helada.
Él no explicó más.
Camila tampoco entendió.
Todavía.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈