PARTE 9
La madre que aceptó tarde
Beatriz Fuentes compensaba como todas las madres ricas culpables:
con exceso.
Llevó sopa.
Joyería.
Ropa.
Medicinas.
Una lista de especialistas.
Tres cajas de regalos que Camila ni siquiera entendía cómo abrir.
—Elige lo que quieras —dijo Beatriz—. O todo. Mejor todo.
Camila, todavía con fiebre, se sentó en la cama.
—Tía…
Beatriz la interrumpió.
—No.
Camila parpadeó.
—¿No?
—Llámame mamá. Si quieres. Si no quieres, esperaré. Pero tía me castiga demasiado.
Camila miró a Leonardo.
Él estaba apoyado en la puerta, observando sin intervenir.
—Mamá —dijo al fin.
Beatriz se tapó la boca y lloró como si acabara de ganar una guerra.
La paz duró poco.
Valentina y Mateo habían encontrado el collar de la madre de Camila.
Ramiro, cobarde y avaro, se lo entregó a cambio de dinero.
Valentina citó a Camila en una boutique de vestidos de novia.
—¿Buscas un vestido para tu cuento de hadas? —se burló—. Qué conmovedor.
Camila vio el collar en su mano.
—Devuélvemelo.
—¿Esto? Creí que era vidrio barato.
—Es lo único que tengo de mi madre.
Valentina dejó caer el collar al suelo.
Luego, con una sonrisa, levantó el pie.
—Entonces mira bien.
Camila se lanzó para impedirlo.
Mateo la sujetó.
Valentina arrastró el collar por el suelo, rompiendo una parte de la cadena.
Camila cayó de rodillas.
—Por favor…
Mateo rió.
—Mírate. La gran señora Fuentes rogando por basura.
Leonardo llegó con Octavio Herrera, el padre de Valentina.
Al ver la escena, Octavio perdió el color.
No por culpa.
Por miedo.
Leonardo habló con voz baja:
—Recoge cada pieza.
Valentina se cruzó de brazos.
—Es un collar barato.
—Recógelo.
Octavio entendió el peligro y abofeteó a su hija.
—Hazlo.
—¿Por ella?
—¡Hazlo!
Valentina tuvo que buscar las piezas entre polvo y césped frente a todos.
Pero el daño ya estaba hecho.
Leonardo envió el collar a analizar.
El emblema pertenecía a Isabel Salvatierra, primera esposa de Octavio Herrera.
Una mujer que oficialmente murió desangrada durante el parto, mientras su hija desaparecía.
Camila escuchó el informe en silencio.
—¿Estás diciendo que soy hija de Octavio Herrera?
Leonardo tomó su mano.
—Estoy diciendo que probablemente eres la heredera de Salvatierra. Y que alguien intentó borrarte.
Valentina, la hija de la segunda esposa, no era la única heredera.
Camila era la primera.
La legítima.
Y eso explicaba por qué Octavio parecía más asustado que sorprendido.
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