PARTE 6
La pelea contra El Carnicero
Elías era más viejo que antes, pero no más débil.
Había peleado toda su vida antes de comprar peleas ajenas. Tenía manos enormes, cuello grueso y una cicatriz que le cruzaba la boca como una sonrisa mal cosida.
El público rugía.
No era una pelea oficial.
Era ejecución o coronación.
Elías caminó en círculos.
—Te recogí del suelo.
Serena no respondió.
—Te hice famosa.
Ella levantó los guantes.
—Me encerraste.
—Te di hambre.
—Me quitaste nombre.
—Te di uno mejor.
Serena atacó.
El primer golpe le rozó la mandíbula. Elías respondió con un puñetazo al costado que le sacó el aire. Serena retrocedió. Él no le dio espacio. La empujó contra la reja y le golpeó el abdomen dos veces.
Dolor.
Viejo.
Conocido.
Serena sonrió con sangre en los dientes.
—Pegas más lento.
Elías gruñó.
Intentó tomarla del cuello. Ella se agachó y le golpeó la rodilla. Él no cayó. Le dio un cabezazo. La visión de Serena se llenó de luces.
Marco se levantó fuera de la jaula.
—Serena!
Ella giró apenas.
—Si dices mi nombre otra vez como si pudieras salvarme, te rompo a ti después.
El público gritó.
Elías aprovechó y la golpeó en la cara.
Serena cayó sobre una rodilla.
Álvaro empezó a sonreír en primera fila.
Error.
Serena lo vio.
Y recordó la cocina.
El contrato.
La sangre en la escalera.
Vera muriendo.
Las chicas desaparecidas.
Elías se acercó para rematar.
Serena tomó su brazo, giró el cuerpo y lo hizo chocar contra la reja. Luego le golpeó las costillas una vez. Dos. Tres.
Elías intentó cubrirse.
Ella le dio una patada baja.
Esta vez la rodilla cedió.
El Carnicero cayó.
Serena no terminó rápido.
Lo tomó por la camisa y lo levantó lo suficiente para que mirara la pantalla.
Aparecieron nombres.
Todas las chicas vendidas por El Matadero.
Algunas vivas.
Muchas no.
—Míralas —dijo Serena.
Él escupió sangre.
—Eran nadie.
Serena le golpeó la boca.
—Una.
Otro golpe.
—Por.
Otro.
—Una.
Elías cayó inconsciente.
La jaula quedó en silencio.
Serena respiraba con dificultad. Sangraba por la ceja. Tenía el labio abierto y el cuerpo temblando.
Pero estaba de pie.
El público no gritó al principio.
Luego empezó un aplauso.
No de espectáculo.
De miedo.
Serena levantó el micrófono.
—El Matadero queda cerrado.
Los apostadores abuchearon.
Ella sonrió.
—No se preocupen. Todavía pueden apostar una última vez.
La pantalla mostró las puertas bloqueadas.
—Apuesten cuánto tardan sus abogados en descubrir que las cámaras llevan transmitiendo una hora.
Isabel Rivas se desmayó.
Álvaro intentó huir.
Bruno también.
Marco no se movió.
Serena bajó del ring.
—Ahora sí —dijo—. Familia.