PARTE 5
Martina pierde el control
Cuando el video de la caída se pausó sobre el anillo de Martina, la heredera gritó que era falso.
Por supuesto.
Era lo esperado.
—¡Eso está manipulado! —dijo, subiendo a la pasarela con el vestido plateado temblando sobre su cuerpo—. Esta mujer está enferma. Siempre quiso mi lugar.
Alma inclinó la cabeza.
—Tu lugar?
Miró al público.
—¿Qué lugar exactamente? ¿El escritorio donde dibujé mis bocetos? ¿La sala donde falsificaste mi firma? ¿La pasarela desde donde me empujaste?
Martina avanzó.
—Tú eras una asistente.
—Y tú una ladrona con apellido.
El público murmuró.
Esteban hizo una señal a Darío.
El jefe de seguridad habló por su comunicador.
Nada respondió.
Alma sonrió.
—Tus guardias están ocupados revisando las órdenes judiciales en la entrada.
Esteban palideció.
—¿Qué hiciste?
—Lo que ustedes hicieron mal.
Alma levantó la carpeta.
—Documentarlo.
Las pantallas cambiaron.
Apareció el contrato original de Alma.
Luego la versión falsificada.
Las firmas comparadas.
Un peritaje.
Correos internos.
Audios.
Martina gritó:
—¡Apaguen eso!
Nadie apagó nada.
Porque el control de luces, sonido y pantallas ya no pertenecía a De la Vega esa noche.
Pertenecía a la empresa contratada por Alma.
Martina se lanzó hacia el vestido para arrancar los nombres.
Alma la detuvo sujetándole la muñeca.
—Cuidado. Es la primera vez que tocas algo mío sin robarlo.
Martina intentó abofetearla.
Alma esquivó.
La heredera perdió equilibrio y cayó sobre la pasarela, entre telas blancas y flashes.
Los fotógrafos dispararon sin piedad.
Cinco años antes fotografiaron a Alma como ladrona.
Esa noche fotografiaban a Martina en el suelo.
La moda también sabe cambiar de víctima cuando las cámaras giran.
Esteban subió a la pasarela.
—Alma, podemos arreglar esto.
Ella lo miró.
—Usted siempre confundió arreglar con comprar.
—¿Cuánto quieres?
Alma rio.
No fuerte.
Peor.
—Mi voz costó cinco años. No está en oferta.
Esteban se acercó más.
—Si destruyes esta casa, destruyes también tu trabajo. Tus diseños viven aquí.
Alma miró el vestido.
—No. Mis diseños sobrevivieron aquí como prisioneros.
Tiró del segundo forro.
Cayeron fotografías del hospital.
Informes médicos.
La declaración falsa de Renata.
El pago a Darío.
Y una imagen que nadie esperaba:
Esteban entrando al taller de la madre de Alma años antes, comprando un baúl de patrones antiguos.
Alma se quedó inmóvil.
Esa foto no estaba en su presentación.
Miró hacia Marcos.
Él también parecía sorprendido.
En la pantalla apareció una nueva frase:
“Alma no fue la primera Reyes robada por los De la Vega.”
La sala quedó helada.
Alma sintió que el aire cambiaba.
Su madre.
La historia era más vieja de lo que creía.
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