PARTE 5
El vestido rojo
La primera imagen apareció en la pantalla.
Un boceto antiguo del vestido rojo.
No tenía texto legible para el público, solo líneas, fechas borrosas y una mancha oscura en la esquina.
Martina habló con voz clara:
—Este boceto fue dibujado por mí ocho meses antes del primer desfile de Celeste Soler. La mancha en la esquina no es tinta. Es mi sangre.
El público murmuró.
Celeste rió.
—Eso es patético.
Martina hizo otro gesto.
Apareció un informe pericial.
La antigüedad del papel.
La tinta.
El análisis de la mancha.
La comparación con el vestido presentado por Celeste.
—Tres laboratorios independientes confirmaron que este boceto existía antes del registro de Celeste.
La sonrisa de Celeste empezó a romperse.
—Eso no prueba que la colección fuera tuya.
Martina asintió.
—Correcto. Por eso traje más.
La pantalla mostró correos recuperados.
Celeste escribiendo al inversor:
“Martina no sabe vender. Yo puedo presentar la colección y hacerla rentable.”
El inversor respondiendo:
“Necesito que todos los archivos queden a tu nombre antes del desfile.”
Después apareció otro correo.
Adriana:
“Hazlo rápido. Tu hermana no soportaría la presión de todas formas.”
Adriana se llevó una mano a la boca en primera fila.
Martina no la miró.
Todavía no.
Celeste gritó:
—¡Eso está manipulado!
Martina dejó pasar un segundo.
—Esperaba esa frase.
En pantalla aparecieron certificados notariales, análisis de metadatos, fechas de recuperación y firmas digitales.
Después llegó el video.
Backstage.
Siete años antes.
Celeste arrancando la carpeta de las manos de Martina.
Martina cayendo contra la mesa.
La sangre.
El boceto.
El inversor mirando.
Iván tomando fotos.
El público dejó de murmurar.
Ahora estaba completamente quieto.
Martina miró a Iván.
—Tú no me empujaste.
Iván bajó la cámara.
—No.
—Pero viste.
Él cerró los ojos.
—Sí.
—Y callaste.
—Sí.
Celeste se acercó al micrófono.
—Martina siempre quiso ser yo.
Martina giró hacia ella.
—No, Celeste. Yo quería ser yo. Pero tú registraste mi nombre antes de que pudiera usarlo.
Celeste tembló.
—Yo era la cara. Tú solo cosías.
La frase cayó sobre la pasarela como una confesión.
Martina bajó la voz.
—Gracias.
Celeste parpadeó.
—¿Por qué?
—Porque durante siete años intenté demostrar que me robaste. Pero tú acabas de explicar por qué lo hiciste.
El público estalló en murmullos.
Los teléfonos se levantaron.
Las cámaras apuntaron a Celeste.
Por primera vez en su vida, ella no quería ser fotografiada.
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