PARTE 3
La invitación
La invitación llegó en un sobre negro.
Daniela la encontró bajo la puerta de la librería, sin remitente.
Al principio pensó que era publicidad de algún evento.
Luego leyó:
Gala anual del Grupo Vega.
Anuncio oficial del compromiso entre Sebastián Vega y Renata Alarcón.
Durante varios segundos no entendió las palabras.
Las leyó de nuevo.
Compromiso.
Sebastián.
Renata.
El cuerpo le dio una respuesta antes que la mente: frío en las manos, presión en el pecho, una náusea lenta.
Llamó a Sebastián.
No contestó.
Llamó otra vez.
Nada.
Esa noche él llegó al apartamento tarde.
Daniela estaba sentada en la sala con la invitación sobre la mesa.
Sebastián la vio y se quedó quieto.
—¿Quién te envió eso?
No dijo “es mentira”.
No dijo “no pasa nada”.
Preguntó quién lo envió.
Daniela entendió demasiado.
—¿Es cierto?
Sebastián se pasó una mano por el rostro.
—No es lo que parece.
Ella se levantó despacio.
—Qué frase tan pobre para un hombre tan rico.
—Mi madre organizó el anuncio.
—¿Y tú no sabías?
Silencio.
Daniela sintió que el corazón se le hundía.
—Sabías.
—Sabía que querían hacerlo. No acepté.
—Pero tampoco lo impediste.
—Estoy intentando manejarlo.
—¿Manejar qué? ¿A tu esposa o a tu futura prometida?
—Daniela, por favor.
—No. Hoy no.
Él se acercó.
—Renata no significa nada.
Daniela soltó una risa rota.
—Qué generoso. Me escondiste por una mujer que no significa nada.
—Te escondí para protegerte.
—No. Me escondiste para protegerte tú.
La frase lo golpeó.
—Eso no es justo.
—¿No? Entonces dime algo, Sebastián. Si mañana en la gala alguien pregunta quién soy, ¿qué dirás?
Él no respondió rápido.
Y Daniela ya no necesitó escuchar más.
Fue a la habitación.
Sacó una pequeña maleta.
Sebastián la siguió.
—¿Qué haces?
—Lo que debí hacer cuando me presentaste como Daniela.
—No te vayas.
—¿Por qué?
—Porque te amo.
Ella se giró con lágrimas en los ojos.
—El amor que no puede decir mi nombre delante de otros no alcanza para sostenerme cuando estoy sola.
Sebastián se quedó pálido.
—Voy a arreglarlo.
—No en privado.
—¿Qué?
Daniela tomó el anillo de boda.
Se lo quitó lentamente.
—Voy a ir a la gala.
—No.
—Sí.
—Mi familia va a destruirte.
Ella lo miró.
—Tu familia no tiene nada que destruir que tú no hayas escondido ya.
Sebastián intentó tocarla.
Daniela dio un paso atrás.
—No vayas detrás de mí esta noche.
—Daniela…
—No. Mañana vas a tener exactamente lo que siempre pediste: tiempo.
Pausa.
—Todo el tiempo del mundo para decidir si quieres una esposa o un secreto.
Salió con la maleta.
Sebastián se quedó en medio del apartamento, rodeado de libros, silencio y una verdad insoportable:
había pasado casi dos años intentando no perderlo todo.
Y por eso estaba perdiendo lo único que realmente quería.
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