PARTE 3
La foto que arruinó la boda
Elena corrió hacia la entrada principal.
No sabía qué hacer.
Tenía fotos, sí.
Pero fotos de qué exactamente?
Una amante embarazada.
Una novia que sabía.
Un padre poderoso.
Guardias.
Un hermano golpeado.
Necesitaba detener la boda.
O al menos hablar con Valeria.
Entró a la hacienda con la cámara apretada contra el pecho. La recepción ya había empezado. La música sonaba. Los invitados brindaban. Valeria y Daniel estaban a punto de entrar al salón principal como marido y mujer.
Elena fue directo hacia Valeria.
—Necesito hablar contigo.
Valeria sonreía para una tía cuando la vio.
—Ahora no.
—Sí. Ahora.
Daniel apareció detrás.
—Elena, ¿todo bien?
Su voz era tranquila.
Demasiado tranquila.
Elena lo miró.
—¿Dónde está Marina?
Valeria se quedó quieta.
Daniel sonrió.
—¿Quién?
—La mujer embarazada que estaba detrás de la iglesia.
Valeria tomó el brazo de Elena.
—Ven conmigo.
La llevó a una sala lateral.
Daniel entró detrás.
También Augusto Montes.
Elena sintió que la habitación se cerraba.
—Tengo fotos —dijo.
Daniel dejó de sonreír.
Valeria extendió la mano.
—Dame la cámara.
—No.
—Elena.
—Valeria, te está engañando. Esa mujer está embarazada y él—
Valeria la abofeteó.
El golpe no fue muy fuerte.
Pero la traición sí.
—No seas patética —dijo Valeria—. Siempre tuviste celos.
Elena se quedó sin aire.
—¿Qué?
Augusto suspiró.
—Señorita Vargas, esta boda representa una alianza familiar importante. No vamos a permitir que una fotógrafa con fantasías la arruine.
—No son fantasías. Tengo pruebas.
Daniel se acercó.
—Entonces muéstralas.
Elena retrocedió.
No debía.
Ese movimiento la hizo parecer culpable.
Daniel la señaló.
—¿Ven? No tiene nada.
Valeria gritó:
—¡Dame la cámara!
Intentó arrebatársela.
Elena forcejeó.
La cámara cayó al suelo.
Daniel fue más rápido.
La tomó.
—Qué pena —dijo—. Una fotógrafa sin cámara.
Elena intentó recuperarla.
Augusto llamó a seguridad.
Minutos después, Elena fue expulsada del salón frente a todos.
Valeria la empujó hacia la puerta.
—No vuelvas a acercarte a mí.
—Valeria, escucha—
—¡No! Te invité a mi boda porque eras mi amiga, y viniste a humillarme porque no soportas verme feliz.
Los invitados murmuraban.
Algunos grababan con teléfonos.
Daniel sostuvo la cámara de Elena como si fuera trofeo.
—Mañana te la devolveré cuando te calmes.
Elena miró a su mejor amiga.
—Esa mujer va a desaparecer.
Valeria se inclinó hacia ella.
—Tú también deberías.
La puerta se cerró.
Elena quedó afuera, bajo la lluvia, sin cámara, sin pruebas y sin amiga.
Pero Daniel cometió un error.
La cámara que le quitó no era la única.
Elena siempre llevaba una segunda memoria, escondida en un pequeño dispositivo conectado al flash.
La mayoría de las fotos ya estaban copiadas.
No todas.
Pero sí las suficientes.
Esa noche intentó ir a la policía.
No llegó.
Dos hombres la interceptaron en una calle lateral.
La golpearon.
Le quitaron el bolso.
Le dijeron:
—Si vuelves a hablar de Marina, vas a terminar igual.
Elena despertó en un hospital público al amanecer.
En las noticias, la boda seguía siendo perfecta.
Y ella ya era la villana.
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