LA HIJA DEL MAFIOSO QUE VOLVIÓ CUBIERTA DE SANGRE Todos creyeron que había muerto… hasta que apareció en la boda de su hermano con una navaja en la mano – PARTE 3

PARTE 3

El enemigo de su padre

El departamento de Elías Morel estaba encima del club.

No parecía la casa de un mafioso.

No había lujo innecesario. No había cuadros caros para demostrar poder. No había sillones blancos ni esculturas doradas. Había armas limpias, botiquines, mapas, cámaras de seguridad y una mesa larga llena de papeles.

Era el hogar de un hombre que no dormía confiando en nadie.

Valentina se sentó sobre la mesa mientras él le cortaba el vestido alrededor de la herida.

—Si intentas aprovecharte de esto, te corto la garganta —dijo ella.

Elías abrió una botella de alcohol médico.

—Si quisiera aprovecharme, no empezaría con una mujer que acaba de salir de una tumba.

—Buena respuesta.

—No era para agradarte.

—Me agradó igual.

El alcohol tocó la herida y Valentina soltó un sonido seco. No gritó. Mordió una toalla y apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

Elías trabajó rápido.

No fue tierno, pero fue preciso.

—La bala rozó el costado —dijo—. Perdiste sangre, pero no suficiente para morir. El golpe de la cabeza es más peligroso. Deberías estar en un hospital.

—Debería estar muerta, según mi familia.

—Tu familia siempre tuvo mala puntería cuando se trataba de mujeres inteligentes.

Valentina levantó la mirada.

—¿Conociste a mi madre?

Elías dejó de mover las manos apenas un segundo.

Demasiado poco para cualquiera.

Suficiente para ella.

—Sí.

—¿Cuánto?

—Lo suficiente para saber que Luciana Santoro no habría permitido que tu hermano tomara el mando.

Valentina sintió que la herida le dolía menos que esa frase.

—Mi madre murió en un accidente.

Elías tomó una gasa limpia.

—No.

La palabra fue simple.

Brutal.

—No juegues conmigo.

—No juego con muertos.

—Estoy viva.

—Entonces escucha.

Elías abrió un cajón y sacó una llave plateada.

—Tu madre me entregó esto dos semanas antes de morir. Dijo que si algún día intentaban enterrarte, significaría que Salvatore había dejado de fingir ser padre.

Valentina miró la llave.

—¿Qué abre?

—El sótano de la capilla Santoro.

Ella se quedó quieta.

La capilla familiar era el lugar donde se casaban los Santoro, donde se bautizaban sus hijos y donde se rezaba por muertos que en realidad habían sido asesinados por la misma familia.

—¿Qué hay en ese sótano?

—El libro rojo de Luciana.

—Eso es una leyenda.

—No. Es una sentencia.

Elías abrió la carpeta negra que ella trajo. Leyó durante varios minutos. Su rostro no cambió, pero sus ojos se endurecieron.

—Tu padre hizo un pacto con Rosetti. Tu hermano entrega rutas y armas. Marcelo dio tu ubicación. Camila Borgia es parte del acuerdo de boda. Esta noche iban a celebrar el nuevo reparto.

—¿Y yo?

—Tú eras el obstáculo.

Valentina soltó una risa seca.

—Mi padre siempre me dijo que las mujeres no heredan guerras.

Elías le vendó el costado.

—Tu madre creía lo contrario.

Ella lo miró.

—¿Qué quieres a cambio?

Elías no fingió no entender.

—La caída de Salvatore.

—Eso te beneficia.

—Sí.

—Entonces no eres diferente.

Él se inclinó un poco, lo suficiente para que ella viera la cicatriz junto a su mandíbula.

—Soy muy diferente. Yo no te vendí, no te disparé y no te enterré. En este mundo, eso ya me vuelve casi decente.

Valentina quiso odiar esa frase.

Pero tenía razón.

—Necesito aparecer en la boda —dijo ella.

Elías sonrió apenas.

—Eso esperaba.

—Quiero que todos me vean viva.

—Y yo quiero ver la cara de Salvatore cuando entienda que la hija que enterró viene con pruebas.

Valentina bajó de la mesa, tambaleándose.

Elías la sujetó del brazo.

Ella le puso la navaja en el abdomen.

—No me agarres sin permiso.

Él soltó lentamente.

—Aprendido.

Ella guardó la navaja.

—Bien. Ahora dime cómo entramos a una boda llena de hombres que me creen muerta.

Elías tomó una chaqueta negra y se la entregó.

—Entramos como entran los fantasmas.

Valentina levantó una ceja.

—¿En silencio?

Él sonrió.

—No. Cuando todos empiezan a sentirse seguros.

👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈

Related Posts

La Cirujana Que El CEO Abandonó En El Altar Volvió Tres Años Después Para Salvar A Su Hijo Secreto, Pero La Prueba De ADN Reveló Que El Niño Nunca Había Sido De Él – PARTE 2

Parte 2: El Niño Que Tenía Su Corazón Elena corrió antes de pensar. El cuerpo eligió por ella. El pasillo se partió en luces blancas, pasos urgentes…

La Cirujana Que El CEO Abandonó En El Altar Volvió Tres Años Después Para Salvar A Su Hijo Secreto, Pero La Prueba De ADN Reveló Que El Niño Nunca Había Sido De Él – PARTE 1

Parte 1: La Mujer Que Entró Al Hospital Sin Mirarlo El ascensor del ala privada se abrió a las dos y diecisiete de la madrugada. La doctora…

La Chica Que Nadie Quiso Pesaba 110 Kilos Y Trabajaba En La Sombra, Pero Cuando Descubrió El Secreto Sucio De La Mafia Y El Jefe La Vio, Se Convirtió En La Reina Más Temida De Chicago – PARTE 3

 Parte 3: La Reina De Chicago La pólvora flotaba en el aire subterráneo. Chelsea se apartó del pecho de Darby. La contable asustada de Oak Haven estaba…

La Chica Que Nadie Quiso Pesaba 110 Kilos Y Trabajaba En La Sombra, Pero Cuando Descubrió El Secreto Sucio De La Mafia Y El Jefe La Vio, Se Convirtió En La Reina Más Temida De Chicago

Parte 1: La Contable Invisible Las luces fluorescentes zumbaban sobre los cubículos de Oak Haven Financial. Chelsea Foster llevaba once horas mirando sus monitores. Nadie la había…

La Chica Que Nadie Quiso Pesaba 110 Kilos Y Trabajaba En La Sombra, Pero Cuando Descubrió El Secreto Sucio De La Mafia Y El Jefe La Vio, Se Convirtió En La Reina Más Temida De Chicago – PARTE 2

Parte 2: El Toque Del Depredador Chelsea no esperó. En el caos que siguió, salió corriendo. Bajó cuarenta y dos pisos por las escaleras. Sus piernas temblaban…

 La Falsa Pobre Que Se Infiltró En La Mafia Para Vengar A Su Familia — Pero El Jefe Descubrió Su Secreto Y La Obligó A Quedarse – PARTE 2

PARTE 2: LA VENGANZA Y EL PERDÓN Valeria y Matteo localizaron a Benicio Ríos. Él se escondía en una isla remota. Pero sabía que lo buscaban. Y…