PARTE 2: EL PRECIO DEL AMOR VERDADERO

Los enemigos de Sebastián descubrieron la farsa.
Quieren destruir a Camila para herirlo a él.
Pero ella no es una víctima indefensa.
Es la mujer que está dispuesta a quemar el mundo por proteger a quien ama.
Días después, la noticia explotó.
Un medio de comunicación publicó un artículo.
“La influencer Camila Flores finge un romance con el CEO Sebastián Durán para salvar su carrera.”
Las pruebas eran falsas.
Pero la gente las creyó.
Los seguidores de Camila se volvieron en su contra.
“Mentirosa.”
“Farsante.”
“Nunca me gustó.”
Los patrocinadores volvieron a huir.
Laura llamó llorando.
“Camila, perdimos todo. Los contratos. Los acuerdos. Todo.”
Camila apretó el teléfono.
“¿Quién filtró la información?”
“No lo sabemos. Pero alguien dentro de Nova Media. Alguien que quiere hundirte a ti y a Sebastián.”
Camila fue a la oficina de Sebastián.
Él estaba furioso.
Golpeaba la mesa.
“¡Encuentren al hijo de puta que filtró esto!”
Sus hombres asintieron.
Salieron.
Sebastián se giró hacia Camila.
“No te preocupes. Voy a arreglarlo.”
“¿Cómo?”
“Haré que retiren el artículo. Demandaré al medio. Los arruinaré.”
“¿Y mi reputación?”
“La reconstruiremos.”
Camila negó con la cabeza.
“No entiendes. Esto no es solo un artículo. Es alguien que quiere destruirme. A mí. A ti. A todo.”
Sebastián se acercó.
“Entonces descubre quién es.”
“¿Yo?”
“Tú conoces las redes sociales mejor que nadie. Rastrea el origen. Encuentra al que filtró la información.”
Camila asintió.
“Necesito acceso a tus servidores.”
“Los tendrás.”
“Y necesito que nadie sepa lo que estoy haciendo.”
“Hecho.”
Camila trabajó día y noche.
Rastreó IPs.
Analizó metadatos.
Siguió el rastro del dinero.
Al final, encontró al culpable.
Era un hombre llamado Iván Mendoza.
Ex socio de Sebastián.
Lo había despedido por corrupción.
Iván quería venganza.
Quería destruir a Sebastián.
Y usó a Camila para hacerlo.
Camila fue a la oficina de Sebastián.
“Ya sé quién es.”
“Dime.”
“Iván Mendoza.”
Sebastián apretó los puños.
“Ese desgraciado.”
“Tiene pruebas falsas. Pero también las tenemos nosotros. De su corrupción. De sus amenazas. De todo.”
“¿Dónde está?”
“En su oficina. En el edificio del centro.”
Sebastián se levantó.
“Voy a buscarlo.”
“Voy contigo.”
“No.”
“Sí. Es mi pelea también.”
Sebastián la miró.
“Eres obstinada.”
“Y tú un arrogante. Vamos.”
Llegaron al edificio.
Iván los esperaba.
Con hombres armados.
“Sebastián. Qué honor.”
“¿Crees que unos tipos van a detenerme?”
“Tal vez no. Pero ella sí.”
Iván señaló a Camila.
Los hombres la rodearon.
Sebastián se adelantó.
“Si la tocan, los mato.”
“Ya estás muerto. Solo que no lo sabes.”
Iván hizo una seña.
Los hombres atacaron.
Sebastián peleó.
Golpes.
Patadas.
Puñetazos.
Uno cayó.
Otro.
Otro.
Camila no se quedó quieta.
Agarró una lámpara.
La estrelló en la cabeza de un hombre.
Cayó al suelo.
Otro se acercó.
Ella le dio una patada.
Cayó.
Iván la vio.
“¡Maldita!”
Sacó una pistola.
Apuntó a Camila.
Sebastián se lanzó.
El disparo sonó.
Sebastián cayó.
Camila gritó.
“¡Sebastián!”
Corrió hacia él.
Sangraba del brazo.
No era grave.
Pero parecía horrible.
Iván se rió.
“Ahora voy a matarte a ti.”
Levantó la pistola.
Camila lo miró.
“Hazlo. Pero antes de morir, quiero que sepas algo.”
“¿Qué?”
“Tus pruebas son falsas. Las nuestras, no. En este momento, la policía está entrando a tu oficina. Van a encontrar todo. Las cuentas falsas. Los sobornos. Las amenazas.”
Iván palideció.
“Mientes.”
“Mira por la ventana.”
Iván miró.
Policías.
Muchos policías.
Rodeaban el edificio.
Iván bajó la pistola.
Sebastián se levantó.
Le arrancó el arma.
Lo golpeó.
Una vez.
Dos.
Iván cayó.
“Por intentar matar a mi mujer,” dijo Sebastián.
“¿Tu mujer?”
“Pronto.”
En el hospital, cosieron el brazo de Sebastián.
No fue grave.
Solo un rasguño.
Camila no se separó de él.
“Nunca más vuelvas a hacer eso.”
“¿Qué? ¿Salvarte la vida?”
“Sí. Porque si te pasa algo, no sabré qué hacer.”
Sebastián la tomó de la mano.
“No me va a pasar nada. Porque tú me cuidas.”
“Y tú a mí.”
Se besaron.
Días después, Iván fue arrestado.
Las pruebas eran contundentes.
Corrupción.
Amenazas.
Secuestro.
Los medios publicaron la verdad.
La reputación de Camila se restauró.
Más fuerte que nunca.
Los seguidores volvieron.
Los patrocinadores también.
Laura lloró de alegría.
“¡Lo logramos!”
Camila sonrió.
“No. Lo logramos.”
Sebastián la llevó a la azotea.
La misma donde habían bailado.
La misma donde se besaron por primera vez.
“¿Recuerdas este lugar?”
“Nunca lo olvidaré.”
“Yo tampoco. Por eso quiero que sea donde te pida algo importante.”
Se arrodilló.
Camila se quedó en blanco.
“¿Qué haces?”
“Lo que nunca pensé hacer. Pedirte que te quedes.”
“El contrato termina en seis meses.”
“No me importa el contrato. Me importas tú.”
Sacó un anillo.
Pequeño.
Sencillo.
Pero brillante.
“¿Te quieres casar conmigo?”
Camila sintió que el corazón le salía del pecho.
“¿Estás seguro?”
“Nunca estuve más seguro.”
“Y si digo que no?”
“Te lo voy a pedir todos los días hasta que digas que sí.”
Camila se rió.
“Eres un terco.”
“Y tú una insolente.”
“Sí.”
“¿Sí?”
“Sí. Me quiero casar contigo.”
Sebastián le puso el anillo.
La besó.
La ciudad brillaba abajo.
Las estrellas, arriba.
Y ellos, en medio.
Felices.
La boda fue íntima.
Solo familia y amigos cercanos.
Camila llevaba un vestido blanco.
Sencillo.
Elegante.
Con los tacones rojos.
“¿Tacones rojos con vestido de novia?”
“Soy la reina de las redes sociales. Puedo ponerme lo que quiera.”
Sebastián se rió.
“Y yo su rey.”
Se besaron.
Todos aplaudieron.
Laura lloró.
“No puedo creerlo.”
“Yo sí,” dijo Camila.
“Siempre supe que este hombre iba a cambiar mi vida.”
Y así fue.
Camila volvió a la cima.
No sola.
Con Sebastián a su lado.
Él seguía siendo el CEO frío.
Pero con ella, era diferente.
Con ella, era humano.
Y ella, con él, era más que una influencer.
Era su esposa.
Su socia.
Su todo.
FIN