PARTE 5
La gala de Promesa Eterna
La gala se celebró en un hotel de lujo.
Velas.
Cristales.
Música suave.
Joyas iluminadas en vitrinas.
Mesas blancas.
Clientes ricos.
Periodistas.
Cámaras.
Paula parecía feliz.
Llevaba un vestido color champagne, provocador y brillante, con el anillo aún en la mano. Daniel, de traje oscuro, sonreía con esa seguridad de los hombres que creen haber enterrado el pasado con suficiente maquillaje social.
Marta estaba allí, por supuesto.
Orgullosa.
Convencida de que el tiempo siempre lava la suciedad cuando se tiene dinero suficiente para nuevas cortinas.
Daniel levantó la copa.
—Gracias por acompañarnos en el lanzamiento de la colección más íntima de nuestra carrera. Cada pieza nace de una historia de amor, fidelidad y promesa compartida.
Lucía, de pie al fondo, casi soltó una risa.
Fidelidad.
Qué palabra tan elegante en boca de un ladrón.
El gran momento llegó cuando presentaron el anillo principal.
Promesa Eterna.
La luz cayó sobre la pieza.
Paula la sostuvo entre los dedos como si fuera un símbolo sagrado.
—Este diseño representa el amor que supera cualquier obstáculo —dijo.
Entonces una voz sonó desde el fondo:
—Claro. Sobre todo cuando el principal obstáculo era la mujer que lo dibujó.
La sala quedó en silencio.
Daniel se puso rígido.
Paula dejó de respirar un segundo.
Lucía avanzó entre los invitados.
Vestido negro, piel luminosa, cabello oscuro perfectamente peinado, rostro tranquilo.
Todos giraron.
Algunos no la reconocieron enseguida.
Daniel sí.
Y el color se le fue del rostro de inmediato.
—Lucía…
Marta se levantó.
—¿Qué hace ella aquí?
Lucía se detuvo frente al escenario.
—Fui invitada. Al fin y al cabo, bastante de lo que están celebrando me pertenece.
Paula apretó la copa.
—No hagas esto.
Lucía la miró con una calma que daba más miedo que el grito.
—Paula, tú me ayudaste a elegir un vestido la noche en que te comprometiste con mi novio usando mi anillo. No me hables ahora de escenas.
Daniel intentó tomar el control.
—Lucía, si necesitas hablar, podemos hacerlo en privado.
Ella sonrió.
—Lo privado ya lo intentaste. Mira cómo te fue.
Lucía alzó la carpeta negra.
—Esta noche prefiero lo público.
La pantalla principal del evento cambió.
No por accidente.
Lucía había pagado el sistema.
La primera imagen apareció:
el boceto original del anillo.
Su trazo.
Sus fechas.
Sus correcciones a mano.
Daniel cerró los ojos.
Paula susurró:
—No…
Lucía habló para todos.
—Este diseño fue creado por mí tres meses antes de que Daniel me prometiera que iba a pedirme matrimonio con él.
La segunda imagen mostró la factura de los diamantes.
A nombre de Lucía.
Pagados con su cuenta personal.
La tercera mostró mensajes de Paula:
“Mándame una foto mejor del anillo, quiero verlo de cerca.”
“No le diré nada a Daniel, te lo prometo.”
Paula empezó a llorar.
Pero nadie sintió ternura.
Todavía no había terminado.
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