PARTE 5
El novio que firmó la mentira
Alejandro Vega no era inocente.
Natalia lo sabía.
No había matado a Tomás.
No había creado las pruebas.
Pero había hecho algo que dolía casi igual:
había elegido creerlas.
En la iglesia, Alejandro parecía un hombre al que acababan de quitar la piel.
—Natalia —dijo—. Yo te busqué.
Ella lo miró.
—Tres meses.
Él bajó la mirada.
—Sí.
—Siete años tiene ochenta y cuatro meses, Alejandro.
El golpe fue silencioso.
—Me amenazaron.
—A mí me encerraron.
—Me dijeron que si seguía, te matarían dentro de prisión.
Natalia sonrió sin humor.
—¿Y decidiste dejarme viva en una celda como acto de amor?
Alejandro no respondió.
Porque no había respuesta digna.
Natalia sacó otro documento.
Una firma.
La firma de Alejandro.
Solicitud de cierre de investigación privada.
Motivo: pruebas concluyentes contra Natalia Duarte.
Alejandro tomó el papel como si le quemara.
—Yo no escribí eso.
—Pero firmaste.
—Me pusieron el informe delante después del entierro.
—No hubo cuerpo.
—Me dijeron que estaba irreconocible.
—Y firmaste.
Él cerró los ojos.
—Sí.
Natalia se acercó.
—La cárcel me enseñó algo. El que apuñala mata una vez. El que firma sin mirar puede matar durante años.
Alejandro tragó saliva.
—Lo siento.
Ella lo abofeteó.
El sonido retumbó en la iglesia.
Emilia gritó.
Natalia no.
—No uses palabras pequeñas para años grandes.
Alejandro aceptó el golpe sin moverse.
—Tienes razón.
Eso la enfureció más.
Habría preferido excusas.
Las excusas eran fáciles de romper.
La culpa honesta era más incómoda.
De pronto, la pantalla mostró una nueva transmisión.
Tomás Vega, sentado en el sótano.
Vivo.
Pero alguien entró detrás de él.
Un hombre con guantes negros.
Tomás levantó la mirada.
—Natalia, si estás en la iglesia… no escuches a Ricardo. No fue solo él.
La imagen se cortó.
Alejandro dio un paso hacia la pantalla.
—Tomás.
Natalia guardó la carpeta.
—Ahora vamos por el muerto.
Don Ricardo gritó:
—Si sales de esta iglesia, lo matan.
Natalia lo miró.
—Padre, después de siete años en prisión, las amenazas tienen que esforzarse más.
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