PARTE 5
La madre despierta
El mundo se detuvo alrededor de Luna.
El hombre la sujetaba por el hombro, con la pistola pegada a su sien. La niña no lloraba. Eso fue lo que más destrozó a Isabella.
Luna estaba demasiado acostumbrada a tener miedo.
Adrián levantó lentamente las manos.
—Suéltala.
El hombre sonrió.
—Orden de la señora Valeria.
Valeria, todavía bajo el cuchillo de Isabella, rió bajito.
—No me mires así, Adrián. Siempre supiste que Luna era la llave de todo.
Isabella apretó el cuchillo.
—Habla.
Valeria giró apenas el rostro hacia ella.
—Tú deberías saberlo mejor que nadie, Clara.
El nombre real cayó como una bomba.
Clara.
No Isabella.
Clara Valenti.
La esposa desaparecida de Adrián.
La madre de Luna.
Adrián dejó de respirar.
—Qué dijiste?
Valeria sonrió, satisfecha.
—Mírala bien, primo. La cicatriz cambió su rostro, pero no su rabia.
Isabella ya no pudo seguir fingiendo.
Miró a Adrián.
En sus ojos vio sorpresa, dolor, culpa, furia y una esperanza tan rota que casi dolía tocarla.
—Clara… —susurró él.
Ella no respondió.
No mientras Luna tuviera una pistola en la cabeza.
El hombre que sujetaba a la niña empezó a retroceder.
—Bajen las armas.
Isabella soltó a Valeria.
Pero no bajó el cuchillo.
Luna la miró.
—¿Tú eres mi mamá?
El corazón de Isabella se partió.
—Sí.
La niña cerró los ojos.
Una lágrima le bajó por la mejilla.
—Lo sabía.
El hombre cometió el error de mirar a Luna un segundo.
Isabella se movió.
Lanzó el cuchillo.
La hoja se clavó en el hombro del atacante. Adrián disparó al mismo tiempo, alcanzándole la pierna. El hombre cayó y Luna corrió.
Isabella la atrapó en sus brazos.
Por primera vez en cinco años, abrazó a su hija sin mentira, sin distancia, sin máscara.
—Mamá —sollozó Luna.
Isabella cerró los ojos.
—Estoy aquí.
Adrián se acercó, pero no las tocó.
Tenía sangre en la cara y culpa en los ojos.
Valeria intentó huir.
No llegó lejos.
Isabella la persiguió por el pasillo. Valeria tomó un arma de un cajón oculto y disparó. La bala rozó el brazo de Isabella. Ella chocó contra la pared, pero siguió avanzando.
Valeria gritó:
—Tú debiste morir en la carretera!
Isabella respondió:
—Y tú debiste asegurarte.
Se lanzó sobre ella.
Ambas cayeron por las escaleras cortas hacia el vestíbulo. Valeria le arañó el rostro. Isabella le golpeó la muñeca contra el mármol hasta que soltó el arma. La sangre manchó el suelo.
Adrián apareció con Luna detrás, protegida por dos hombres.
—Basta!
Isabella tenía a Valeria bajo ella, una mano alrededor de su cuello.
Podía matarla.
Quería hacerlo.
Pero Luna estaba mirando.
Isabella soltó lentamente.
—No voy a darte mi primera noche con mi hija.
Valeria tosió, riendo.
—No importa. La verdad que falta todavía puede destruirte.
Isabella se inclinó.
—Entonces habla antes de que cambie de opinión.
Valeria sonrió con sangre en los dientes.
—Adrián no solo creyó que huiste.
Miró al capo.
—Él firmó tu muerte sin saberlo.
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