PARTE 10
La última pasajera
Meses después, Lucía volvió al vagón 13.
Esta vez de día.
Sin túnel.
Sin gritos.
Sin puertas bloqueadas.
El vagón estaba guardado en un depósito federal, rodeado de cintas de seguridad, peritos y archivos.
Lucía entró sola.
Quería escuchar el silencio.
En los compartimentos encontraron maletas con nombres falsos, ropa de mujeres, fotografías, medicamentos, documentos incompletos y diarios escritos en servilletas.
Uno de esos diarios pertenecía a la hermana de Violeta.
Se llamaba Mar.
Lucía lo leyó con cuidado.
“Si alguien encuentra esto, yo no huí. Me cambiaron el nombre. Pero todavía recuerdo el mío.”
Lucía cerró el diario.
Ese sería el nombre del fondo.
Todavía Recuerdo El Mío.
Con las acciones cedidas por Nicolás y los bienes confiscados a Herrera Rail, abrió una organización para rastrear identidades robadas, revisar desapariciones archivadas como fugas y ayudar a mujeres que habían regresado a un mundo donde sus nombres ya estaban ocupados por otras personas.
El primer día, Violeta colgó en la oficina una placa con el boleto de Lucía.
FALLECIDA.
Debajo escribió:
“Error administrativo corregido por la interesada.”
Lucía casi sonrió.
Alma fue condenada, pero su colaboración redujo parte de la pena. Antes de entrar en prisión, pidió ver a Lucía.
Lucía aceptó una vez.
Alma estaba sin maquillaje, sin abrigo blanco, sin anillo.
—No voy a pedir que me perdones.
—Excelente comienzo.
Alma respiró con dificultad.
—Cuando usé tu pasaporte, sentí que te robaba dos veces.
—Porque lo hiciste.
—Sí.
—¿Algo más?
Alma bajó la mirada.
—Hay una mujer en Lisboa usando el nombre de Violeta. No estaba en los archivos. Lo recordé anoche.
Lucía se quedó quieta.
Violeta, afuera, dejó de respirar.
Alma entregó una dirección escrita en papel.
—No sé si sigue allí.
Lucía tomó el papel.
—Esto no te salva.
—Lo sé.
—Pero puede salvar a otra.
Alma lloró.
—Ojalá eso baste para algo.
Lucía salió sin responder.
Dos semanas después, encontraron a la mujer en Lisboa.
No era la hermana de Violeta.
Pero era otra desaparecida.
Otro nombre recuperado.
Otra puerta abierta.
Lucía entendió entonces que el Expreso 309 no había terminado en el túnel.
Apenas había empezado a devolver pasajeros.
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