PARTE 3
La novia que sabía
Marina podría haber cancelado el evento.
Podría haber llamado a Álvaro.
Podría haber ido a la oficina de un abogado al día siguiente.
Pero había una pregunta que la mantenía quieta:
¿Camila sabía?
Porque una cosa era una amante engañada por un hombre que prometía divorciarse.
Otra cosa era una mujer que caminaba hacia el altar sabiendo que pisaba la vida de otra.
La respuesta llegó durante la prueba del vestido.
Camila había elegido una boutique privada.
Marina asistió como coordinadora.
La novia salió del probador con un vestido blanco ajustado, espalda descubierta, abertura sutil y encaje fino.
Se miró al espejo con una sonrisa.
—Perfecto.
Una asistente preguntó:
—¿El novio ya vio algo?
Camila rió.
—Álvaro no necesita ver. Él sabe que todo me queda mejor que a su esposa.
Marina dejó de escribir.
La boutique siguió en silencio.
Camila no se dio cuenta.
O quizá sí.
Tomó su teléfono y se alejó unos pasos.
—Amor, estoy en la prueba. Sí, Marina no sospecha nada. Claro que no. Esa mujer vive entre flores y facturas.
Pausa.
—Después de la boda, le presentas los papeles. Si se niega, tu madre se encarga.
Marina sintió que el bolígrafo le marcaba la palma.
Camila siguió:
—No me importa si llora. Tú dijiste que ese matrimonio estaba muerto.
Otra pausa.
—Sí. Yo también te amo.
Marina levantó la vista.
En el espejo, Camila la miraba.
Sus ojos se encontraron.
Camila no parecía asustada.
Parecía desafiante.
—¿Todo bien? —preguntó.
Marina sonrió con calma profesional.
—Perfecto. El vestido cae muy bien.
Camila caminó hacia ella.
—¿Estás casada, Marina?
La pregunta fue una provocación.
—Sí.
—¿Felizmente?
Marina sostuvo su mirada.
—Trabajo en bodas. Sé que esa pregunta casi nunca tiene una respuesta simple.
Camila sonrió.
—Yo sí voy a ser feliz.
—Eso espero.
—Lo seré. A veces una mujer tiene que luchar por el hombre que ama.
Marina cerró la libreta.
—Y a veces una mujer llama amor a ganar algo que no era suyo.
Camila la miró con dureza.
—No entiendo.
—Todavía no.
Marina salió de la boutique con las piernas firmes y el corazón hecho pedazos.
En el coche, grabó una nota de voz para sí misma.
—Camila sabe. Álvaro sabe. Su madre sabe. El abogado existe. No confrontar todavía. Recopilar todo.
Luego apoyó la frente en el volante.
Y lloró.
No mucho.
Solo lo suficiente para despedirse de la última versión de ella que aún esperaba una explicación decente.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈