PARTE 5
La boda que siguió adelante
Marina siguió organizando la boda.
Eso fue lo que más sorprendió a su asistente, Julia, cuando finalmente le contó parte de la verdad.
—¿Quieres seguir? —preguntó Julia, horrorizada.
Marina ajustó el esquema de flores.
—Sí.
—Marina, es tu esposo.
—Legalmente, sí.
—¿Y no quieres quemar todo?
Marina la miró.
—Quiero ganar.
Julia cerró la boca.
Porque esa palabra no sonó a venganza impulsiva.
Sonó a sentencia.
Durante las semanas siguientes, Marina trabajó con precisión.
Confirmó pagos.
Guardó audios.
Copió contratos.
Pidió cámaras.
Registró cada mensaje de Camila.
Verificó la inexistencia de divorcio.
Consiguió el certificado matrimonial actualizado.
Descubrió que el abogado de Álvaro había preparado una firma falsa en un borrador de separación.
Todo mientras Álvaro seguía durmiendo en su casa.
Una noche, él se acostó a su lado y tocó su hombro.
—Estás distante.
Marina miró al techo.
—Tú también.
—He tenido mucho trabajo.
—Lo sé.
Él suspiró.
—No quiero que terminemos odiándonos.
Marina giró hacia él.
—¿Estamos terminando?
Álvaro dudó.
—No dije eso.
—Pero lo pensaste.
Él bajó la mirada.
—A veces siento que desde lo del bebé ya no somos los mismos.
Marina tragó saliva.
—No somos los mismos. Pero algunos duelos se lloran y otros se usan como excusa.
Él frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Nada. Buenas noches.
Álvaro apagó la luz.
Marina se quedó despierta.
Pensó en el hijo perdido.
Pensó en Camila embarazada.
Pensó en la frase de Teresa.
“Le dará la familia que tú no pudiste.”
Durante años, Marina creyó que el dolor la había vuelto menos mujer.
Ahora entendía que quienes la rodeaban usaron ese dolor para hacerla sentir culpable mientras le robaban la vida.
El día antes de la boda, Camila llamó.
—Quiero cambiar la canción de entrada.
—¿Cuál quieres? —preguntó Marina.
Camila dijo el nombre.
Era la canción de boda de Marina y Álvaro.
Marina cerró los ojos.
—¿Estás segura?
Camila sonrió al otro lado.
—Sí. A Álvaro le gusta mucho. Dice que ya casi no le duele escucharla.
Marina abrió los ojos.
—Perfecto. La pondremos.
Y la puso.
No para Camila.
Para recordar a Álvaro, delante de todos, exactamente qué estaba traicionando.
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