PARTE 5
El hombre que quería a Clara muerta
Ramiro Ferrer era el hermano menor del padre de Daniel.
Un hombre elegante, paciente y peligroso, de esos que nunca levantan la voz porque siempre tienen a alguien dispuesto a disparar por ellos.
Durante años, había reclamado parte de la herencia Ferrer. Pero la existencia de una hija biológica de Daniel cambiaba todos los acuerdos familiares.
Clara viva anulaba cláusulas.
Clara reconocida cerraba puertas.
Clara con Mariana como madre podía exponerlo todo.
Por eso Ramiro no podía permitir que la niña saliera del hospital con su verdadero nombre.
Daniel ordenó cerrar el piso.
Mariana no esperó.
—Necesito moverla a cuidados internos. Aquí es demasiado visible.
—Mis hombres cubrirán la salida —dijo Daniel.
—Sus hombres fallaron seis años atrás.
La frase lo golpeó.
Pero no discutió.
—Entonces dime cómo hacerlo.
Mariana lo miró.
Eso era nuevo.
Daniel Ferrer preguntando.
No ordenando.
—Hay un pasillo de servicio hacia el ala antigua. Si las cámaras están comprometidas, salimos sin ascensor.
Beatriz habló desde la esquina:
—Esto es absurdo. Nadie va a tocar a la niña.
Mariana la miró.
—Usted ya la tocó bastante.
Valeria estaba sentada, vigilada, llorando en silencio. Pero Mariana no confiaba en sus lágrimas.
Tomó a Clara en brazos.
La niña abrió los ojos.
—Doctora…
Mariana sintió que el corazón se le rompía.
—Estoy aquí.
—¿Por qué todos gritan?
—Porque los adultos a veces hacen mal las cosas y luego hablan demasiado fuerte.
Clara miró a Daniel.
—¿Él es mi papá?
Daniel se quedó inmóvil.
Mariana respondió con cuidado:
—Sí.
La niña pensó.
—¿Y tú?
Mariana respiró hondo.
—Yo soy tu mamá.
Clara no respondió.
Solo la miró.
Como si una parte de ella lo supiera y otra tuviera miedo de creer.
Antes de que pudiera hablar, las luces del pasillo parpadearon.
El primer disparo llegó desde la escalera.
Un guardia cayó.
Daniel sacó su arma.
—¡Ahora!
Corrieron por el pasillo de servicio. Mariana llevaba a Clara. Daniel cubría la espalda. Valeria, custodiada, caminaba entre dos guardias. Beatriz iba detrás, furiosa y silenciosa.
En la esquina del ala antigua, dos hombres de Ramiro los esperaban.
Uno apuntó hacia Mariana.
Daniel disparó primero.
El hombre cayó contra la pared.
El segundo se lanzó sobre Mariana, intentando arrancarle a la niña. Ella giró el cuerpo para proteger a Clara y recibió el golpe en el hombro. El dolor le subió hasta el cuello.
Daniel lo derribó de un puñetazo y le quitó el arma.
Clara lloró.
—Mamá…
La palabra salió pequeña.
Pero salió.
Mariana casi cayó de rodillas.
No había tiempo.
Llegaron al ala antigua.
Pero la puerta estaba bloqueada.
Valeria empezó a temblar.
—Yo sé otra salida.
Mariana la miró.
—Claro que sabes.
—No voy a hacerle daño.
—Ya lo hiciste.
Valeria lloró.
—La amo.
Mariana se acercó a ella, todavía con Clara en brazos.
—Entonces por una vez, haz algo que no nazca de robar.
Valeria bajó la mirada.
Luego señaló una puerta oculta detrás de un armario de suministros.
—Por ahí.
Daniel la abrió.
El pasillo estaba oscuro.
Y al fondo, Ramiro Ferrer los esperaba con una pistola en la mano.
—Qué reunión tan familiar —dijo.
Sus ojos fueron directo a Clara.
—La niña viene conmigo.
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