EL CEO QUE CREYÓ QUE SU CONDUCTORA ERA SOLO UNA CHICA BONITA… HASTA QUE ELLA LO SALVÓ DE UNA TRAMPA EN EL ESTACIONAMIENTO Sofía fue contratada para conducir en una gala de lujo, pero nadie sabía que la joven más subestimada de la noche era la única capaz de proteger al CEO

Sofía Navarro llegó a la gala del Grupo Duarte fingiendo ser una conductora privada.

Nadie sabía que era agente de seguridad encubierta, contratada para descubrir quién quería atrapar al CEO Emiliano Duarte.

Cuando el estacionamiento se cerró y todos los guardaespaldas desaparecieron, la chica que todos ignoraban fue la única que supo qué hacer.

PARTE 1

La conductora bonita

Sofía Navarro aprendió temprano que ser subestimada podía ser un arma.

Los hombres miraban su rostro antes que sus manos.

Las mujeres como Bianca Montero miraban su belleza antes que su postura.

Los ricos miraban su uniforme antes que sus ojos.

Y casi nadie miraba el auricular negro escondido bajo su cabello.

Eso la hacía perfecta para trabajos encubiertos.

Aquella noche, frente al Hotel Diamante, Sofía bajó de un coche negro con la precisión de quien no desperdicia movimientos.

Llevaba traje negro de conductora privada, camisa blanca, zapatos bajos y el cabello recogido.

No parecía guardaespaldas.

Parecía demasiado joven.
Demasiado elegante.
Demasiado atractiva.
Demasiado fácil de ignorar para quienes creían que el peligro siempre tenía hombros enormes y voz grave.

El jefe de seguridad del hotel la revisó por encima.

—¿Nombre?

—Sofía Navarro. Conductora asignada al señor Duarte.

—Espera en el área de servicio hasta que la llamen.

Sofía sonrió apenas.

—Claro.

La zona de servicio olía a café recalentado, perfume caro escapado del salón y estrés de empleados invisibles.

Sofía tocó dos veces el pequeño auricular.

—Entré —susurró.

La voz de su coordinador respondió:

—Recibido. Recuerda, observación primero. No intervengas salvo amenaza directa.

—Siempre dices eso como si yo fuera impulsiva.

—Porque lo eres.

—Soy eficiente.

—Eres peligrosa con buena postura.

Sofía casi sonrió.

El objetivo de esa noche era Emiliano Duarte.

CEO del Grupo Duarte.

Treinta y cuatro años.

Frío.

Soltero.

Dueño de una empresa que estaba a punto de cerrar una alianza internacional.

En las últimas semanas, Emiliano había recibido amenazas anónimas. Rutas filtradas. Mensajes extraños. Advertencias que parecían venir de fuera, pero tenían olor a casa.

Su equipo oficial de seguridad no detectó nada.

Por eso alguien llamó a la agencia de Sofía.

No Emiliano.

Él jamás aceptaría protección encubierta.

La llamada vino de Ágata Duarte, su abuela paterna.

Una mujer de ochenta años, voz suave y ojos de halcón.

—Mi nieto cree que puede ganarle a todo el mundo porque aprendió a no confiar en nadie —le dijo a Sofía durante la reunión previa—. Necesito a alguien que lo proteja sin pedirle permiso.

—Eso suele molestar a los hombres como él.

—Por eso la elegí a usted.

—¿Por mi experiencia?

Ágata la miró.

—Por su experiencia y porque todos van a cometer el error de verla demasiado bonita para ser amenaza.

Sofía respetó a la anciana desde ese momento.

A las nueve y media, el salón principal estaba lleno.

Sofía se colocó cerca de una columna, con una bandeja de llaves de cortesía en la mano para mantener la fachada.

Desde allí vio a Emiliano Duarte por primera vez.

No le sorprendió que fuera guapo.

Ese tipo de hombres solía serlo.

La sorpresa fue otra.

Parecía más cansado que arrogante.

Alto, impecable, traje negro, expresión cerrada. Caminaba entre inversores y periodistas como si cada saludo fuera un contrato que debía sobrevivir.

A su lado estaba Bianca Montero.

Vestido champagne.
Cabello perfecto.
Sonrisa de futura esposa ensayada.

Bianca no era oficialmente su prometida, pero todo el mundo hablaba como si el anuncio fuera cuestión de tiempo.

Sofía observó la mano de Bianca sobre el brazo de Emiliano.

Demasiado posesiva.

Observó también a Damián Duarte, primo de Emiliano.

Demasiado sonriente.

Demasiado atento a los teléfonos.

Demasiado tranquilo para alguien cuyo apellido dependía de lo que Emiliano firmara esa semana.

—Hay movimiento raro cerca de la salida norte —susurró Sofía.

Su coordinador respondió:

—Visto. Mantente cerca del objetivo.

—Voy.

Sofía cruzó el salón.

Un invitado borracho le cortó el paso.

—Oye, conductora, ¿también llevas invitados a casa o solo coches?

Intentó tocarle la cintura.

Sofía tomó su muñeca, la giró lo justo para hacerlo doblarse sin gritar y sonrió como si le estuviera indicando el baño.

—Si quiere conservar la mano, no la use sin permiso.

El hombre palideció.

—Estás loca.

—No. Estoy trabajando.

Al soltarlo, notó que alguien la observaba.

Emiliano.

Sus ojos se cruzaron.

Él había visto todo.

Sofía bajó la mirada lo justo para parecer empleada.

Pero no tanto como para parecer sumisa.

Emiliano se acercó.

—No pareces conductora.

Sofía sostuvo la bandeja con calma.

—Usted no parece alguien que sepa escuchar advertencias.

Una ceja de Emiliano se movió apenas.

En él, eso casi era una carcajada.

—¿Nos conocemos?

—No.

—Entonces es una opinión rápida.

—Algunas personas se leen rápido.

—¿Y qué leyó en mí?

Sofía miró alrededor antes de responder.

Bianca los observaba desde lejos.

Damián también.

—Que está rodeado de gente que sonríe demasiado cuando usted mira hacia otro lado.

La sonrisa de Emiliano desapareció.

—¿Quién eres?

—Su conductora esta noche.

—No era la pregunta.

—Entonces quizá no debería hacerla aquí.

Bianca apareció antes de que él respondiera.

—Emiliano, te están esperando.

Luego miró a Sofía.

—¿Todo bien con la conductora bonita?

Sofía sonrió.

—Perfectamente, señora.

Bianca notó que “señora” no sonó como respeto.

Emiliano también.

—Ve al estacionamiento —ordenó Bianca—. El personal no debe quedarse en el salón.

Sofía inclinó la cabeza.

—Por supuesto.

Mientras se alejaba, escuchó a Emiliano decir:

—No le des órdenes a mi personal.

Bianca respondió:

—Tu personal debe recordar dónde está.

Sofía tocó el auricular.

—La señora champagne no me quiere.

—Nadie que quiera vivir tranquila te quiere en los primeros diez minutos —dijo su coordinador.

—Halagador.

Al bajar al estacionamiento, Sofía vio lo que temía.

La salida principal estaba bloqueada por mantenimiento falso.

Dos cámaras estaban apagadas.

El conductor oficial de Emiliano no respondía.

Y un coche gris, no registrado en la lista, estaba estacionado demasiado cerca de la ruta de salida.

Sofía abrió la chaqueta y revisó su comunicación.

—Tenemos problema.

La voz del coordinador cambió.

—Define problema.

Sofía miró a tres hombres saliendo del coche gris.

—Emboscada en preparación.

Arriba, en el salón, Emiliano Duarte brindaba sin saber que su propia noche acababa de convertirse en una trampa.

👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈

 

 

Related Posts

La Cirujana Que El CEO Abandonó En El Altar Volvió Tres Años Después Para Salvar A Su Hijo Secreto, Pero La Prueba De ADN Reveló Que El Niño Nunca Había Sido De Él – PARTE 2

Parte 2: El Niño Que Tenía Su Corazón Elena corrió antes de pensar. El cuerpo eligió por ella. El pasillo se partió en luces blancas, pasos urgentes…

La Cirujana Que El CEO Abandonó En El Altar Volvió Tres Años Después Para Salvar A Su Hijo Secreto, Pero La Prueba De ADN Reveló Que El Niño Nunca Había Sido De Él – PARTE 1

Parte 1: La Mujer Que Entró Al Hospital Sin Mirarlo El ascensor del ala privada se abrió a las dos y diecisiete de la madrugada. La doctora…

La Chica Que Nadie Quiso Pesaba 110 Kilos Y Trabajaba En La Sombra, Pero Cuando Descubrió El Secreto Sucio De La Mafia Y El Jefe La Vio, Se Convirtió En La Reina Más Temida De Chicago – PARTE 3

 Parte 3: La Reina De Chicago La pólvora flotaba en el aire subterráneo. Chelsea se apartó del pecho de Darby. La contable asustada de Oak Haven estaba…

La Chica Que Nadie Quiso Pesaba 110 Kilos Y Trabajaba En La Sombra, Pero Cuando Descubrió El Secreto Sucio De La Mafia Y El Jefe La Vio, Se Convirtió En La Reina Más Temida De Chicago

Parte 1: La Contable Invisible Las luces fluorescentes zumbaban sobre los cubículos de Oak Haven Financial. Chelsea Foster llevaba once horas mirando sus monitores. Nadie la había…

La Chica Que Nadie Quiso Pesaba 110 Kilos Y Trabajaba En La Sombra, Pero Cuando Descubrió El Secreto Sucio De La Mafia Y El Jefe La Vio, Se Convirtió En La Reina Más Temida De Chicago – PARTE 2

Parte 2: El Toque Del Depredador Chelsea no esperó. En el caos que siguió, salió corriendo. Bajó cuarenta y dos pisos por las escaleras. Sus piernas temblaban…

 La Falsa Pobre Que Se Infiltró En La Mafia Para Vengar A Su Familia — Pero El Jefe Descubrió Su Secreto Y La Obligó A Quedarse – PARTE 2

PARTE 2: LA VENGANZA Y EL PERDÓN Valeria y Matteo localizaron a Benicio Ríos. Él se escondía en una isla remota. Pero sabía que lo buscaban. Y…