PARTE 6
La niña secuestrada
Vanessa no soportó la humillación.
—Ella no va a vivir un cuento de hadas mientras nosotros nos hundimos —le dijo a Tomás.
Tomás murmuró:
—Déjala en paz.
Vanessa lo abofeteó.
—Siempre fuiste débil.
Secuestró a Nina al salir de una clase de baile.
Le prometió dulces.
La subió a un coche.
Nina entendió demasiado tarde.
—Tú no eres mi abuela buena.
Vanessa sonrió.
—Soy la real.
Abril recibió la llamada con la voz de su hija llorando al fondo.
—Diez millones en efectivo —dijo Vanessa—. Ven sola o no vuelves a verla.
Abril casi se desmoronó.
Dante la sostuvo.
—Respira.
—Es mi culpa. Debí protegerla.
—La traeremos a casa.
—No entiendes. Vanessa no se detiene.
Dante tomó el teléfono.
—Ethan. Cierra salidas del puerto. Rastrea señal. Usa todo.
Abril lo miró.
—¿Todo qué?
—Recursos.
—¿De seguridad?
—Entre otras cosas.
Llegaron a un almacén viejo.
Abril llevó un maletín.
Vanessa apareció con Nina atada a una silla.
—Deja el dinero.
Abril temblaba de rabia.
—Es una niña.
—Es tu punto débil.
Tomás estaba allí, pálido, inútil.
Abril lo miró.
—¿También permites esto?
Él bajó la cabeza.
—No quería…
—Nunca quieres. Solo dejas que ocurra.
Vanessa intentó golpear a Abril.
Abril la detuvo.
Por primera vez en su vida, devolvió el golpe.
—Una madre protege a su hija. Tú nunca fuiste madre.
Dante entró con hombres armados.
No policías.
No guardias normales.
Hombres Vitale.
El almacén quedó rodeado.
Vanessa gritó.
—¿Quién eres?
Dante levantó a Nina en brazos.
—El hombre al que no debiste provocar.
Ethan puso sobre una mesa documentos financieros: deudas falsas, firmas ocultas, préstamos inventados, chantajes.
—Si vuelven a acercarse a Abril o a Nina —dijo Dante—, esto irá a la policía, a los jueces y a personas menos pacientes que yo.
Vanessa se derrumbó.
Tomás intentó hablar.
—Abril, sigues siendo mi hija.
Abril tomó a Nina.
—No. Desde hoy, dejo de serlo.
Esa noche, Nina se quedó dormida abrazada al cuello de Dante.
Él susurró:
—Siempre estaré aquí.
Abril lo oyó.
Y quiso creerlo.
Pero también sabía que la verdad seguía esperando.
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