PARTE 10
La noche en que la CEO tomó la mafia prestada
El operativo duró once minutos.
Nicolás fue rescatado con una herida leve en la frente y demasiadas ganas de bromear.
—Tu esposo da miedo —dijo por teléfono.
Valentina respondió:
—Temporal.
Dante, a su lado, murmuró:
—Discutible.
Ella lo ignoró.
Rafael Costa fue detenido en el teatro Bellini después de intentar usar a Arturo como escudo. Dante pudo haberlo matado. Todos lo pensaron.
No lo hizo.
Solo le rompió dos dedos cuando Costa intentó tomar un arma del suelo.
—Eso fue por entrar a mi casa segura —dijo Dante.
Valentina lo miró.
—¿Y por secuestrar a mi hermano?
Dante sostuvo a Costa por el cuello de la camisa.
—Eso lo decide ella.
Valentina caminó hacia el banquero.
Costa sangraba por la boca, pero aún intentaba sonreír.
—Señorita Moretti, usted cree que ganó porque me ve esposado. Pero mi dinero está en bancos, jueces, ministros, fundaciones. No puede tocarlo todo.
Valentina se agachó frente a él.
—Soy CEO.
Levantó una memoria.
—Yo no toco todo. Congelo una cuenta, llamo a tres auditores, filtro dos reportes y dejo que sus propios socios lo devoren.
Costa dejó de sonreír.
—No sabe con quién trata.
—Sí.
Ella se levantó.
—Con un hombre que confundió liquidez con inmortalidad.
La frase se volvió titular al día siguiente.
Camila Ríos fue arrestada cuando intentaba salir de la ciudad. Sergio entregó pruebas para reducir condena. Héctor Lamas confesó haber diseñado la cláusula de muerte. Arturo Moretti declaró contra Costa, no por honor, sino por supervivencia.
Valentina no se sorprendió.
La moral no era necesaria para que un testigo fuera útil.
La fundación fue intervenida.
Los niños y familias afectados recibieron protección real, no fotos para galas.
El Grupo Moretti cayó en bolsa durante tres días.
Luego subió.
Porque el mercado, como la mafia, a veces respeta más a quien sobrevive a un intento de asesinato que a quien finge estabilidad.
Valentina convocó una rueda de prensa.
Dante no apareció a su lado.
Ella se lo pidió.
—No quiero que parezca que necesito un mafioso para hablar.
Él aceptó.
—No lo necesita.
—Qué raro. Un hombre peligroso que sabe cuándo apartarse.
—Soy coleccionista de rarezas.
Valentina lo miró.
—No coquetee antes de que limpie mi empresa.
—Entonces después?
—Veremos si sigue vivo.
Dante sonrió.
En la rueda de prensa, Valentina dijo:
—Intentaron venderme como deuda. Intentaron usar mi matrimonio como coartada. Intentaron matar a mi hermano, robar mi empresa y manchar mi apellido. Fallaron.
Una periodista preguntó:
—¿Qué pasará con su matrimonio con Dante Romano?
Valentina miró directo a cámara.
—El contrato original era de noventa días.
Pausa.
—Pero yo siempre leo antes de renovar.
Esa fue la única frase que permitió sobre él.
Dante la vio desde una pantalla privada.
Por primera vez en años, sonrió sin violencia.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈