PARTE 4
Primer plato: La sal falsa
De vuelta en La Casa Dorada, Camila conectó la memoria del salero de oro.
La imagen de Aurora apareció en la pantalla de nuevo.
Esta vez, más larga.
La chef estaba en la cocina privada, con el rostro serio.
“Si esta grabación existe, alguien intentó usar mi comida para matarme. Camila, hija, no busques al asesino solo en el plato. Búscalo en quienes querían sentarse en mi silla.”
La pantalla cambió.
Apareció la cocina durante el apagón de seis años atrás.
22:13.
Ramiro entraba.
Miraba hacia la puerta.
Sacaba un salero idéntico del bolsillo interior de su chaqueta.
Cambiaba el salero de oro por uno falso.
El salón actual quedó helado.
Ramiro golpeó la mesa.
—¡Eso está manipulado!
Camila abrió el primer sobre y sacó un informe químico.
—El salero falso tenía polvo de aconitina mezclado con sal de limón. El verdadero salero, este, no.
Un crítico gastronómico susurró:
—Aconitina…
Una de las toxinas más difíciles de detectar si se mezcla bien.
Ramiro intentó reír.
—¿Y por qué habría guardado ella el salero real en la bodega?
Camila lo miró.
—Porque sabía que usted era vanidoso. Jamás destruiría un objeto de oro.
Algunos invitados bajaron la mirada.
Ramiro se levantó.
—No aceptaré esta humillación en mi restaurante.
Camila sonrió.
—Su restaurante?
Abrió otro documento.
Testamento de Aurora Serrano.
Versión previa al asesinato.
Beneficiaria principal: Camila Serrano.
Administrador excluido: Ramiro Alarcón.
Ramiro palideció.
—Ese testamento no fue firmado.
—Porque mi madre murió antes.
—Entonces no tiene validez.
—Correcto.
Camila tomó el segundo sobre.
—Por eso seguimos con el segundo plato.
Los camareros sirvieron copas pequeñas de vino tinto.
Paula retrocedió.
—Yo no voy a beber nada.
Camila la miró.
—No tengas miedo. Yo no enveneno.
Dejó el sobre frente a Paula.
—Segundo plato: El vino roto.
Paula empezó a llorar antes de abrirlo.
Porque sabía que la memoria de Aurora no era la única cámara encendida aquella noche.
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