PARTE 4
El primer día en Fuentes Group
Una semana después, las esposas se abrieron.
Camila levantó los brazos como si hubiera recuperado la libertad de un país.
—¡Por fin!
Leonardo se tocó la muñeca, extrañamente vacío.
—Pareces demasiado feliz.
—Dormir sin un hombre pegado a mí será maravilloso.
—También dijiste que roncabas por mi culpa.
—Y lo mantengo.
Esa misma tarde, Camila recibió un correo:
Fuentes Group — Oferta de empleo aprobada.
Había enviado su currículum meses antes sin esperanza.
—¡Conseguí trabajo en Fuentes Group! —gritó.
Leonardo se quedó inmóvil.
—¿Qué puesto?
—Asistente administrativa junior. Es una oportunidad enorme.
—Fuentes Group es exigente.
—Lo sé. Por eso tú también deberías buscar algo así. No podrás ser modelo siempre. ¿Qué harás cuando seas mayor y menos guapo?
Leonardo la miró en silencio.
—¿Mayor y menos guapo?
—La belleza no paga pensión.
—Anotado.
Al día siguiente, Camila entró a Fuentes Group llena de nervios.
Los empleados susurraban:
—Hoy toma posesión el nuevo presidente.
—Dicen que es viejo, feo y raro.
—Dicen que no le gustan las mujeres.
—Dicen que la familia Herrera rompió el compromiso porque era un desastre.
Camila pensó en Leonardo.
—Al menos mi modelo era guapo.
En su área, una supervisora intentó humillarla.
—¿Qué hombre te metió aquí? Las chicas como tú no pasan entrevistas.
Camila respiró hondo.
—Pasé tres pruebas y dos entrevistas.
—Aquí aprenderás reglas.
—¿Bullying a nuevas es una regla de Fuentes Group?
La supervisora levantó la mano para empujarla.
Una voz masculina sonó detrás:
—¿Esa es la política de la empresa?
Todos se congelaron.
Camila giró.
Leonardo.
Pero no vestido como modelo.
Traje negro.
Insignia ejecutiva.
Gonzalo, el asistente principal, detrás de él.
Todo el piso inclinado como si acabara de entrar un rey.
—Presidente Fuentes —susurró alguien.
Camila sintió que el alma se le salía del cuerpo.
—¿Presidente?
Leonardo la miró.
—A mi oficina.
Dentro, Camila cerró la puerta y se puso de pie como acusada.
—Lo siento. No debí decir que era viejo, feo y que le gustaban los hombres.
Leonardo cruzó los brazos.
—¿Qué más dijiste?
—Que eras… quizá… un modelo de alto nivel.
—Gigoló, creo que fue la palabra.
Camila se tapó la cara.
—Quiero renunciar.
—No acepto.
—¿Me vas a despedir?
—Tampoco.
—¿Entonces?
Leonardo se acercó.
—Quiero saber si necesitas pagarme por la semana.
Camila abrió los ojos.
—¡Eso fue una confusión traumática!
Él sonrió.
—Preséntate a trabajar mañana puntualmente.
Ella caminó hacia la puerta.
—Sí, señor presidente.
Antes de salir, lo oyó decir:
—Camila.
Ella giró.
—No vuelvas a dejar que nadie aquí te haga sentir pequeña.
No fue una declaración de amor.
Pero para una chica acostumbrada a defenderse sola, sonó peligroso.
👉 [Haz clic aquí para leer la siguiente parte] 👈