PARTE 6
La firma de Adrián
Adrián sintió que el suelo desaparecía.
—Mientes —dijo.
Pero su voz no sonó segura.
Valeria, esposada a una silla en el despacho, tenía el rostro hinchado y la muñeca vendada. Aun así, seguía sonriendo como si todavía tuviera una carta escondida.
—No firmaste una orden con su nombre, claro. Eso habría sido demasiado fácil. Firmaste un protocolo de limpieza interna.
Isabella estaba de pie junto a la ventana, con Luna dormida en una habitación custodiada por hombres de Adrián y dos mujeres de confianza.
No se sentó.
Si se sentaba, quizá se rompería.
Valeria continuó:
—Te mostramos pruebas de que Clara vendía información. Te mostramos una foto con otro hombre. Te mostramos transferencias falsas. Y tú, mi querido Adrián, firmaste autorización para “eliminar la amenaza interna”.
Adrián cerró los ojos.
Recordaba ese documento.
Lo firmó la misma noche que le dijeron que Clara lo traicionaba.
No decía su nombre.
No decía esposa.
Solo “amenaza interna”.
Él creyó que se trataba del hombre que la ayudó a huir.
No de ella.
Isabella lo miró.
—¿Es verdad?
Adrián no podía mentir.
No a ella.
No después de verla sostener a Luna.
—Firmé.
La palabra cayó entre ellos como una segunda muerte.
Isabella se acercó lentamente.
—Yo estaba embarazada cuando me golpearon.
Adrián levantó la mirada, horrorizado.
—Qué?
Valeria dejó de sonreír.
Eso no estaba en su plan.
Isabella habló con voz baja:
—No lo sabía todavía. Lo supe en el hospital clandestino donde me salvaron. Perdí al bebé dos días después.
Adrián parecía no entender cómo seguir respirando.
—Clara…
—No digas mi nombre.
Él bajó la mirada.
Por primera vez, el hombre más temido de la ciudad parecía pequeño.
Valeria intentó aprovechar el silencio.
—Ves? Yo solo aceleré lo que tú ya querías.
Adrián sacó su arma y le apuntó.
Isabella no lo detuvo por Valeria.
Lo detuvo por él.
—No.
—Clara.
—Si la matas ahora, muere como víctima de tu rabia. Yo quiero que hable.
Valeria tragó saliva.
Isabella se inclinó hacia ella.
—Quién ordenó falsificar las pruebas?
Valeria dudó.
Adrián quitó el seguro del arma.
Valeria habló:
—El Consejo Valenti. Tu tío Ramiro. Mi padre. Y… la madre de Adrián.
El silencio fue absoluto.
Adrián sintió un golpe en el pecho.
—Mi madre murió hace diez años.
Valeria sonrió.
—Eso te dijeron.
Isabella miró a Adrián.
Otra tumba falsa.
Otra mujer escondida tras poder.
Otra mentira familiar.
Entonces las luces de la mansión parpadearon.
Un mensaje apareció en la pantalla del despacho.
“Entrega a la niña y a la madre antes del amanecer. O abriremos el archivo que firmaste.”
Adrián miró a Isabella.
Ella sostuvo su mirada.
—Esta vez no voy a correr sola.
Él bajó el arma.
—No.
Hizo una pausa.
—Esta vez voy contigo.
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